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 Amanece en paso Pino Hachado, lado argentino, Provincia de Neuquén.
 Paseo a Mendoza Por Carmen Gloria Aravena Fotografías Héctor Hernández Duarte Cuando iniciamos, a fines del invierno de 2015, el viaje a Mendoza, Argentina, como tantos otros que hemos hecho en el último tiempo y que ya son paseos habituales, nunca pensamos que se convertiría en una experiencia extraordinaria e inolvidable. Veníamos con mi esposo de regreso a Chile y a nuestras rutinas. Al llegar a Uspallata, la policía argentina nos avisa que el paso fronterizo Los Libertadores, a 220 km. de Santiago -un poco más de dos horas de viaje- estaría cerrado por tres días. Casi nos dio ataque. Era mediodía y al día siguiente debíamos estar en nuestros respectivos trabajos. Alguien nos comentó que el paso habilitado más cercano era Neuquén, Pino Hachado para los chilenos, frente al pueblo argentino “25 de mayo”, es decir, 789 km. hacia el sur. Eso significaba más de un día de viaje y ¡1.600 km. extras de recorrido!
No lo pensamos dos veces e iniciamos la ruta. El viaje por la pampa fue agotador, recién a las ocho de la noche entrábamos a “25 de mayo”. Después de descansar sólo un par de horas y cargar bencina, continuamos hacia la frontera. Llegamos a Pino Hachado amaneciendo, en medio de un entorno asombroso: la cordillera nevada y un espectacular bosque de araucarias. Luego atravesamos la Cordillera de los Andes por el Túnel Las Raíces, cuatro kilómetros y medio de largo, que se hizo interminable, con altos y bajos y goteras de agua que se congelan y cuelgan del techo (estalactitas). De terrooooorrr. Nuestro apetito a estas alturas se volvió obsesivo. Delirábamos por una cazuela. Llegando a Curacautín, enceguecidos por las ansias de comer comida de verdad, no sólo pequeños bocados dulces como había sido el día anterior, nos encontramos a boca de jarro con un letrero que decía “¡Cazuela de vacuno y carne al jugo con arroz”. ¡Qué nos han dicho! El local era sencillo, muy cálido y bien atendido. Mientras esperábamos nuestros platos, justo al mediodía, nos traen unas ricas sopaipillas calentitas con pebre. Continuamos viaje. En Victoria, tomamos la carretera rumbo a Santiago, bajo un fuerte temporal de viento y lluvia. Era ya medianoche cuando al fin ¡estábamos en casita! De pronto mi marido me mira sorprendido: “¡Echo de menos mi parka y mi pasaporte!”, dice, y yo agrego: “y yo, mi carnet de identidad” Ambas cosas estaban en los bolsillos de la casaca. Uchhhh… ¡Se nos quedó colgada en el respaldo de la silla en el restaurant! No podíamos creerlo. Para mí era sólo el carnet, pero él tenía hasta la visa a Estados Unidos en el pasaporte, que además había subido de precio. Pero no era tan fácil: el Registro Civil seguía en paro después de mucho tiempo. Sin saber el nombre del restaurant, tampoco el de la calle donde estaba, sin tener la boleta, ni el nombre del dueño… Se nos vino el mundo abajo, y a más de 700 km. de distancia. ¿Te acuerdas de algo - le pregunto- alguna seña, como para poder comenzar la búsqueda? Nada. Intentamos por internet sin resultados. Súbitamente se me ocurre: ¡LOS CARABINEROS! Nos comunicamos rápidamente con la Comisaría de Curacautín, nos hicieron algunas preguntas, tales como ¿había una ferretería al lado del restaurant? ¿la calle tenía un jardincito en medio y era de doble vía? y otras consultas más. “Ah”, dijo “la paquita”, “esa calle se llama Manuel Rodríguez y el único restaurant que tiene esas características es el Fogón de la Unión”. Yo sabía que algo bueno iba a salir en limpio de parte de ellos. Internet, redes sociales, facebook, Fogón de la Unión, click ¡Sí, es el restaurant! Nombre del lugar, del dueño y el teléfono. Mi marido logra comunicarse y le responden que sí, que tienen la parka y que los documentos están en uno de los bolsillos. Bien, bien, bien, ¡FINAL FELIZ! Al día siguiente recibimos un paquete con todas nuestras cosas. Cuando dicen que la gente del sur es buena, creíble, honesta y hospitalaria… se quedan cortos... ¡Es fantástica! ---------------------------------------------------------------------------------------------------- Notas finales • Una gota de agua En un espacio frio y húmedo, como el del Túnel Las Raíces, se forman “estalactitas cónicas”, a partir de la caída repetitiva de una simple gota de agua. • Túnel histórico El Túnel Las Raíces, recreado por nuestro dibujante, corresponde a la etapa anterior a la actual, hoy iluminado y totalmente pavimentado. • Fusión cultural La cazuela de vacuno, hoy extendida a todo el continente, mezcla alimentos propios de la cultura mapuche con alimentos aportados por los españoles durante la época de la Conquista. -- Comentarios, ideas para artículos, o sugerencias serán muy bienvenidos --
Chile y Argentina. El boceto muestra la Zona Central de Chile, más la Araucanía, y la línea divisoria entre ambos países.
Cálida recepción sobre la Cordillera de los Andes.
El Túnel Las Raíces, Lonquimay, Araucanía, tiene 4.528 metros de extensión y es el más largo de Chile.
La cazuela de vacuno, “calentita”, es un plato típico chileno.
Los sureños “Cuando dicen que la gente del sur es buena, creíble, honesta y hospitalaria... se quedan cortos...”.

Editorial Chile Real

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